jueves, 6 de octubre de 2011

ENCUENTRO CON LADY CHATTERLEY


Por Javier Morelos





En un diálogo de la película "Juno" (2007: Oscar mejor guión original. 4 Nominaciones: película, director, guión original y actriz) la protagonista, adolescente que vive un conflicto por un embarazo no deseado consecuencia de la fuerza que tienen en el ser humano los deseos y sentimientos provocados por el instinto sexual y el enamoramiento, le comenta a su amiga que ella no es lady Chatterley. Hecho que me motivo para revisar la obra del escritor ingles David Herbert Lawrence (1885-1930) El amante de Lady Chatterley (1928), prohibida durante más de 30 años en Gran Bretaña y EEUU, esta novela constituye un referente de la literatura erótica.

Constance una joven de la alta sociedad, pero instruida y de ideas liberales, quien siente mayor atracción por la cultura, las ideas y la creatividad que pueda tener un hombre que en su apariencia física; pues cree que los placeres sexuales son de orden menor e incluso pueden resultar molestos. Se casa con el joven aristócrata Clifford Chatterly , quien tras un brevísimo tiempo de haberse enlazado parte al frente durante la Primera Guerra Mundial de donde regresa paralítico y evidentemente imposibilitado para copular. La difícil convivencia en el tiempo con su marido, dependiente y deprimido, en una finca rural dentro de los terrenos de la mina de carbón de los Chatterly le hacen concebir la idea de tener un hijo que le dé sentido a su vida, esto con la anuencia de Clifford. Ya con este pensamiento en la cabeza conoce a Mellors, obrero sin patrimonio, que trabaja como guardabosques para su marido y con quien habrá de encontrar el gozo sexual. Hasta aquí la historia podría ser un anécdota más de telenovela de televisa, si no fuera porque a través de sus paginas encontramos una crítica a la rígida y esquemática moral de la sociedad victoriana inglesa, que no podía tolerar la exposición pormenorizada y sin veladuras del deseo amoroso de una dama, esposa de un noble inválido por heridas de guerra, hacia un plebeyo.

Huelga decir que la novela es rica en la descripción de los actos sexuales, pero con buen gusto. Además en algunos pasajes los personajes exponen y defienden sus ideas sociales y políticas. Hay una crítica intrínseca a la decadencia del imperio inglés, que ya venía acelerándose desde la segunda década del siglo veinte, además del desprecio y reclamo de los sirvientes por la sobre explotación, discriminación y abuso que perciben han sido objeto en esa mina.

Como ya apunté este libro fue prohibido y perseguido. Lo que escandalizó a los guardianes de la moral no fueron sólo las elevadas y minuciosas descripciones eróticas, sino sobre todo la trasgresión de los tabúes sociales. Lo peor no era que Lady Chatterley le fuera infiel a su marido entre los matorrales, sino que el objeto de sus pasiones sexuales fuera un obrero de su finca: «Si supiese que el guardabosque se había acostado con ella y le hablaba con aquel acento plebeyo, (...) la detestaría». Como habrían de imaginarse que cuando se levantó su prohibición en Inglaterra (1960) la primera semana de su publicación se vendieron un millón de ejemplares.

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